Prospectadores culturales: Una nueva forma de mirar, una nueva forma de actuar.

                                                                      “Como fuerza social, un individuo con una idea prospectadoresvale por noventa y nueve con un solo interés.”  

 Mill, John Stuart

En esta nueva sociedad que estamos construyendo, donde un cambio de mentalidad se está gestando, donde ya no se pueden ver los toros desde la barrera, sino que las personas debemos tomar partido, debemos opinar, debemos proponer y debemos exigir si no se nos escucha, no hay cabida para un público pasivo.

La Cultura no necesita espectadores ni consumidores necesita prospectadores que aporten, que expliquen lo que les gusta y que se involucren tanto en lo que quieren que lleguen a convertirse en parte activa de la creación, en productores de lo que quieren hacer, ver, escuchar, leer,… para llegar a ser la persona que quieren ser.

Desde la administración, desde las instituciones, desde las industrias culturales también, hemos ofrecido productos culturales pasados por nuestro tamiz. Hemos sido prescriptores. Proponiendo en nuestras  programaciones aquello que creíamos iba a gustar a nuestros ciudadanos.

Los Gestores Culturales somos mediadores entre la oferta cultural y el público. No es que eso esté mal, alguien tiene que hacerlo. Y pienso que en muchos casos, al menos en la oferta pública, se intenta hacer con criterio, a veces más acertado y a veces menos y en base a unos objetivos, aunque esos, en muchos casos, se escribieron en su día y pocas veces se revisan y evalúan.

La realidad es que somos mediadores porque no podemos ser otra cosa ya que, hasta ahora, tratamos con un público escaso y displicente que recibe una programación y si le interesa la compra y si no la deja, pero sin expresar opinión, sin discutir o proponer alternativas.

Las políticas culturales dejaron bastante de lado algo muy importante: la educación. Falló la sensibilización básica de la población, la capacitación más elemental de lectura de los lenguajes artísticos. Todo esto dificultó, en consecuencia, avanzar en el objetivo mayor de incrementar la población capaz de ejercer funciones creadoras, de ser actores culturales con espíritu crítico y reflexivo e inquietud de pensamiento y acción, no sólo consumidores pasivos.

Dimos por hecho el criterio, la educación y el conocimiento del público. El público, el consumidor cultural,  tuvo que aprender solo, ha sido autodidacta en su aprendizaje. Lo cierto es que no existe una pirámide de la cultura que, como en la alimentación, te explique lo que necesita el cuerpo para crecer culto. Una pirámide que te diga qué y cuánto tienes que consumir para mantener una dieta culturalmente equilibrada que te lleve a conseguir una mente sana, independientemente de que después seas libre de consumir la oferta que más te apetezca o se adapte a la personalidad de cada uno, pero que garantice un mínimo de equilibrio.

Tal vez no interesó, o no supimos, explicar bien al ciudadano lo que es la Cultura en mayúsculas y nos perdimos entre definiciones más o menos acertadas para intentar poner en valor lo que teníamos entre manos. Degradamos, en muchos casos, la Cultura con mayúsculas a la cultura con minúsculas, como mero entretenimiento, como algo en lo que invertir en el tiempo libre, para pasar el rato y no como fuente de crecimiento personal. Esa banalización de la cultura ha causado mucho daño y ahora sufrimos las consecuencias.

Cuando fuimos incapaces de convencer a las personas de la importancia de la Cultura intentamos ponerla en valor cuantificándola y, como un bien que generaba riqueza, la transformamos en algo  material, como cualquier producto que se vende y se compra. Y pasamos del “todo gratis” al “esto vale tanto”.  Es más, en ocasiones, el valor del producto no se correspondía a la calidad del mismo, lo que contribuía aún más a la degradación de la Cultura.

Está claro que el producto cultural tiene un precio y tenemos que acostumbrarnos a pagarlo. Igual que tiene un precio un alimento  y pagamos por él según su valor de mercado.  Pero tenemos que ir más allá del  valor económico. Lo importante del alimento son los nutrientes que aporta a nuestro organismo que son esenciales para nuestra supervivencia. Igualmente, lo que debería importarnos del producto cultural que consumimos es lo que aporta a nuestra mente, a nuestro espíritu, a nuestra identidad y a nuestra naturaleza, ya que es parte de lo que alimenta nuestra personalidad y nos ayuda a descubrir el sentido de nuestra vida.

Desde lo Público tenemos que revisar nuestros procesos de trabajo a la hora de programar. Marcar nuevos objetivos y repasar nuestras funciones. Buscar modelos de gestión para contribuir a la distribución, circulación y difusión de las producciones culturales. Investigar las nuevas necesidades de los ciudadanos y buscar fórmulas de favorecer su acceso a dichas producciones y de convertirlos en parte activa de las mismas, de una manera comprometida y constructiva.

Si queremos colaborar en que la sociedad cambie, la Política Cultural tiene que aumentar sus horizontes y plantearse un campo más amplio que contemple, entre otras, las políticas educativas de manera efectiva. Porque creo que es nuestro deber y debe ser nuestra preocupación, algo tan básico, pero tan poco trabajado, como es educar a la ciudadanía en la importancia de la Cultura como bien social que hay que defender y como un derecho que hay que demandar, practicar y ejercer.

Desde las Instituciones Culturales, sobre todo desde las municipales, debemos preocuparnos y ocuparnos de educar, de explicar, de hacer entender la importancia del consumo de esa oferta cultural y también preocuparnos de educar con espíritu crítico a la hora de seleccionarla, reclamarla y consumirla. Así como avanzar en la importancia del retorno social de la Cultura y de su impacto en la vida de las personas, creando los cimientos que ayuden a construir una sociedad critica, educada, abierta, sana, comprometida, plural, justa, capaz, tolerante, activa, colaborativa, participativa, creativa, capacitada y feliz.

Tratar sobre estos aspectos vinculados a la educación supone reflexionar sobre los espacios de intersección a partir de las definiciones tradicionales. Es importante el papel de la escuela en la creación y difusión artística y del patrimonio, los valores, los hábitos culturales. Los medios de comunicación y la familia también tienen que asumir su  parte de responsabilidad en este ámbito. Pero los gestores de la Cultura local debemos incentivar esa educación desde nuestras posiciones.

Realmente tenemos un público pasivo porque nuestra oferta no permite otra cosa y el público se ha acostumbrado a eso y lo ha aceptado así. Quizá porque piensen que la oferta cultural es una especie de regalo que si quieres lo tomas y si no lo dejas. Algo sobre lo que no puedes opinar porque, como dice el dicho, a caballo regalado no le mires el diente, algo que no está entre las obligaciones de las instituciones públicas. Por eso es tan fácil recortar en Cultura o por eso se grava con el 21% sin ningún reparo. Olvidamos que la Cultura es un derecho del ciudadano y un deber desde lo Público considerar la Cultura, sus instituciones y sus productos desde un marco social y de bien común.

Entonces ¿cómo debemos enfocar desde la gestión pública la educación cultural, hacia quién y de qué manera para aumentar los prospectadores?

Y, con respecto a esas personas que ya consumen cultura ¿cómo conseguimos que se animen a dejar de ser meros espectadores (que por definición únicamente miran) y consumidores y se conviertan en prospectadores que nos digan lo que quieren?  Para dejar de mediar y olvidar las actitudes paternalistas que la administración suele tener con los ciudadanos y trabajar con ellos de la mano a la hora de realizar una oferta cultural. Para que dejen de ser pasivos ante los contenidos propuestos y participen en la producción y en la programación y consigan así una mayor autonomía respecto a sus consumos culturales que les lleven a un disfrute no sólo por su consumo sino por la satisfacción de que lo que cse está ofreciendo es parte de su implicación y contribución y fruto de la colaboración e involucración en la gestión cultural de su pueblo o ciudad.

Por último ¿pueden las redes sociales (estoy segura que sí) convertirse en herramientas de comunicación eficaz para establecer contacto con esos prospectadores y dialogar con ellos?

En eso es en lo que estoy pensando ahora. Se agradecen propuestas, sugerencias, opiniones, debate.

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Acerca de maferragut

Soy funcionaria de la administración local, gestora cultural, licenciada en publicidad y relaciones públicas y diplomada en trabajo social. Esos son mis intereses profesionales. Siempre en continuo aprendizaje. Me gusta el arte, la literatura, la música y estoy enganchada a las redes sociales.
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7 respuestas a Prospectadores culturales: Una nueva forma de mirar, una nueva forma de actuar.

  1. Muy significativo que hasta ahora no hayas obtenido ninguna respuesta a tu pregunta 😉
    ¿Cómo se puede articular la participación ciudadana en cultura? Lo cierto es que todavía no tengo una respuesta cerrada esta pregunta, pero sí algunas ideas sobre qué no hay que hacer.
    Como ciudadanos y ciudadanas, además de como profesionales de la cultura, no deberíamos continuar dejando la pelota en el tejado de los partidos políticos y, después de la trayectoria demostrada, dudo si tampoco en la de las asociaciones profesionales que se empeñan una y otra vez en dirigirse a los políticos de forma exclusiva y olvidan a los ciudadanos que, en mi opinión, son el centro de la actividad cultural y, además, el gran y último lobby de poder político sobre los políticos.
    Así pues, doy por hecho que los ciudadanos han de participar en la cultura y precisamente porque esta idea forma parte del discurso de muchos políticos que tiran de “moda participativa”, es necesario concretarla en forma. Lo que interesa de esta cuestión es la forma exacta en la que se ha de configurar esta participación.
    ¿Cómo hay que articular la participación ciudadana en cultura? La participación de los ciudanos en las instituciones ha de ser vinculante, si no, no se participa, sino que solo se mira y, como mucho, se lanzan gritos desde el palco al escenario. Ser “escuchados” ha solido ser la aspiración de los coletivos profesionales en cultura, pero pocos han decidido saltar al escenario.
    Por otra parte, la gestión profesional de la cultura es otro elemento clave. ¿Podríamos dejar a “cualquiera” tomar parte en las decisiones vinculantes sobre políticas culturales? Sin ánimo de parecer radical, podríamos decir que en términos políticos es lo que ha venido sucediendo hasta ahora y, así nos ha ido. ¿Por qué entonces cualquier ciudadano o ciudadana sí debería estar capacitado para tomar decisiones sobre políticas y estrategia cultural? Tengo muchas dudas sobre si los consejos ciudadanos de cultura se han de articular exclusivamente desde una perspectiva ciudadana, y no desde una perspectiva más técnica (que no gremial, asociativa o corporativa) que integre a expertos independientes y con criterio profesional. Cómo participar en cultura implica, en mi opinión, resolver la cuestión de quién decide qué en cultura. Habrá que seguir preguntando…

    • maferragut dijo:

      Buenas preguntas para un debate, a las que tampoco tengo respuestas, alguna idea y alguna opinión que he dejado en algunos posts. Pensemos sobre ello a ver si entre todos encontramos el camino. Gracias por comentar.

    • maferragut dijo:

      Hola, esas mismas cuestiones que te planteas, muy acertadas por cierto, también me las planteo yo. Y tampoco tengo respuestas. Coincido en tus planteamientos. Tendremos que seguir, buscando, probando nuevas fórmulas. Ahí estamos proponiendo. A ver si se hace la luz 😉 Un saludo Pilar.

  2. etilem dijo:

    Hay muchas cuestiones abiertas en este pequeño hilo de conversación. Yo añadiría sólo algunas reflexiones generales que nos puedan ayudar a acotar el debate:
    1/ Exageramos cuando hablamos de participación ciudadana en la cultura. No tengo tan claro que sea la solución a nuestros pasados males ni el horizonte de nuestra Atlántida. Esa población desmotivada hacia la cultura del pasado es la misma que ahora queremos activar bajo el señuelo del “do it yourself”. No o veig clar. Al contrario, más bien me hace desconfiar. Además no hay nada nuevo en todo esto, la cultura post-dictadura era muy participativa, muy social, y como tal sirvió para muchas cosas, pero no para construir una más madura “producción cultural”.

    2/ En cuanto a la gobernanza, yo me pongo a ello. Eso sí que es uno de los temas en los que tenemos que aportar soluciones en tanto que profesionales del ámbito. Y como sabemos que la inventiva anda más bien rauda, hay que aplicarse.

    3/ Y lo artístico? Cuando leo debates de este tipo siempre detecto un tema crucial que es obviado completamente: los artistas y lo artístico. Si hablamos de renovación y de recuperar el vínculo con la sociedad no tenemos que inventar mucho, una vía es escuchar y trabajar con (otros) artistas. Necesitamos renovar el discurso artístico, ofrecer a la sociedad una nueva capacidad de producir lo simbólico con lo que se sienta más identificada. En definitiva, erosionar nuestras facetas de gestores y activar la sensibilidad artística.

    Y continuará.

    • maferragut dijo:

      Hola:
      1) Ya te digo yo que la solución no son, pero hay que tenerlos en cuenta y mucho. los tiempos lo marcan así y así ha de ser. Otra cosa es como lo hacemos para que esa sociedad tenga un espirtu critico y formado suficiente para coparticipar y ser una parte más del todo, no un simple espectador. 2 y 3 de acuerdo, completament i sí hem de continuar. Que no pare 😉

  3. Quizás el debate debería ser cómo podemos articular una gobernanza de la cultura profesional e independiente de los poderes políticos (al menos eso es a donde yo creo que deberíamos dirigirnos) y, por otra, que fomente y asegure calidad en las producciones culturales, las cuales sin duda también han de ser capaces de conectar con la sociedad. Entiendo que la cuestión de la participación ciudadana está siendo enfocada por muchos partiendo de la idea de que esa reconexión se ha de hacer preguntándole directamente al cliente/usuario. Hasta ahí, yo estoy de acuerdo pero diseñando estructuras y metodologías que ponderen esta opinión. Entiendo que los técnicos tienen mucho que decir y es en ellos en quienes ha de residir la responsabilidad de tomar decisiones, y diseñar políticas en base, entre otras cosas, a lo que digan los usuarios.

    • maferragut dijo:

      Bien, confio en que los políticos estan aprendiendo que su función es trabajar para el ciudadano, ni para ellos mismos y sus seguidores ni para el partido, por el bien común y eso se va asumiendo poco a poco, espero. Evidentemente separar la ideologia de las actuaciones es dificil, nadie es plenamente objetivo, los profesionales, tampoco lo somos. Todos actuamos según nuestra objetividad y eso es muy subjetivo :-). Yo si pienso que la ciudadania puede colaborar, en gestionar, espacios culturales, puede opinar en cuanto a los projectos que se realizan o si el dinero se invierte en este o en otro programa. Evidentemente el profesional tiene que estar ahí mediando, ayudando, poderando como tu dices, poniendo criterio si quieres. Y sobre todo se necesita mucha educación en las bases, desde pequeños, creando públicos, creando gente con criterio.También creo que se debe dignificar la profesión, ponerla en valor. Ninguno dejariamos que nos operara un mecánico, o que nos cambiara los frenos del coche una abogada. El trabajo, el oficio, la especialización en el mundo de la cultura también se tiene que respetar. Pero por que esa médico, ese mécanico, etc, no pueden opinar sobre si prefieren tener más cine, más literatura, más x… o proponer obras, autores, etc. que consideren interesantes o experimentar con ellos proyectos colaborativos; o decidir si invierto más presupuesto en esto o en aquello otra yo lo veo factible. Y me apetece sentirme acompañado en mis decisiones, y al politico eso también le puede reforzar. No sé son diferentes maneras de ver y hacer que deberíamos probar ¿no crees, Pilar?

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