El malestar de la cultura

Voler l’imposible ens cal,

i no que mori el desitg  (Marià Villangómez,  Ciutat d’Eivissa, 1913-2002)

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Antonio Lafuente sostiene, desde hace años, que el procomún (de  pro, provecho, y común) sólo se hace visible cuando está amenazado. Cuando nos tocan eso que pertenece a todos y que son los recursos que, generalmente, consideramos que deben ser protegidos porque los hemos heredado o construido y pensamos que debemos dejar en buenas condiciones a nuestros descendientes.

La búsqueda del bien común se ha olvidado en parte de la sociedad. Lo demuestran cada día decisiones políticas y empresariales que se toman teniendo en cuenta el beneficio propio o de una minoría, sin escuchar la opinión o el deseo de la mayoría y sin la más mínima ética ni sentido de la responsabilidad.

Ante esa amenaza de pérdida del procomún otra parte de la sociedad se revela y se siente en la obligación de luchar por todos o alguno de los recursos que considera necesario proteger.

Con ese afán nos juntamos, hace unos días, algunas personas que entendemos la Cultura como bien común amenazado, en una reunión de gin-tonics, tuiteando bajo el hashtag #beulacultura.

Allí nos encontrábamos tuiteros culturales, fotógrafos, periodistas, músicos, actores, directores, gestores culturales públicos y privados, creadores… Un batiburrillo de personas, no muchas y sin ninguna representatividad,  intentando poner remedio al malestar de la Cultura.

Se afirmaron algunas cosas sobre la Cultura. Otras las deduje o interpreté personalmente. Sin poder asegurar que todos los participantes estén en acuerdo o  en desacuerdo, algunas de las más destacadas fueron:

La Cultura no le interesa a nadie o interesa a muy pocos.

Los que trabajamos en cultura nos movemos por intereses propios.

Cada uno define cultura según sus intereses personales y su subjetividad.

La visión subjetiva de la cultura de cada uno no permite considerar una visión de cultura diferente, también subjetiva, de otros.

Los que hacemos cultura creamos guetos impermeables que impiden la mezcla y aceptación de otras posturas o pensamientos.

Los políticos actuales no ayudan mucho.

La gestión cultural pública no está muy bien considerada por la gestión cultural privada.

Todos somos culpables de la situación de la cultura.

A la hora de buscar soluciones tengo que confesar que no conseguimos llegar a ninguna. Al menos, a ninguna original, que no se haya dicho ya en los foros sesudos y prestigiosos que, evidentemente, no se reúnen delante de un gin-tonic. Así que, como los buenos románticos, acabamos casi borrachos, maldiciendo nuestra suerte y jurando que, aunque la derrota estaba asegurada, seguiríamos luchando por la Cultura.

 Algunas de las soluciones que plateamos, más viscerales que eficaces y más etílicas que meditadas fueron:

Quemarlo todo y empezar de 0 (demasiado drástica)

Acabar con las administraciones (poco práctica)

Cargarse a los políticos, bastaría a los incompetentes (demasiado violenta, sería una masacre)

Exigir responsabilidades  (poco efectiva visto lo visto)

Tras la resaca y ante tanto pesimismo, se me ocurrió pensar que  tal vez la maldición china que dice “Ojalá vivas tiempos interesantes” había caído sobre nosotros. Porque, realmente, creo que son tiempos interesantes para debatir sobre la Cultura.

También se me ocurrió pensar que, tal vez, estemos dándole un enfoque equivocado al problema y, en lugar de buscar soluciones, deberíamos plantearnos, desde el momento actual, ¿qué es la Cultura? o ¿qué queremos que sea la Cultura?

Olvidar viejos clichés y planear un prototipo nuevo de la Cultura. Ese que defina la Cultura  como patrimonio de la mayoría, no sólo de unos pocos.

Considerar la Cultura como un recurso que debe ser activamente protegido, requiere que la mayoría de la sociedad lo considere suficientemente importante para incluirlo en la lista de cosas por las que luchar o posicionarse.

Un primer paso puede ser realizar más terapias de grupo como las de #beulacultura, donde cada cual diga lo que piensa con la confianza de que, ante mentes abiertas, todo vale para buscar soluciones. Donde nadie se considere portavoz único de la verdad. Planteando únicamente que puedo hacer yo para arreglar esto. Pensando colectivamente e implicando a actores muy plurales. Respetando la diferencia, el desacuerdo, sin pensar contra alguien. Aceptando que no hay enemigos si todos buscamos recuperar la Cultura como bien común.

Pero no debemos quedarnos ahí. Definido el prototipo actual de Cultura, deberíamos avanzar en identificar los diferentes agentes que participan en la gestión cultural e intentar consensuar funciones que no se solapen y se coordinen. Sin crear compartimentos estancos pero definiendo con claridad lo que sí o sí debe hacer cada uno y hasta donde debería llegar o que no debería traspasar para no excederse en sus competencias, por acotarlo de alguna manera.

Me refiero a definir cosas como:

¿Qué debe que hacer la administración pública por la Cultura?

¿Qué debe hacer el sector privado por la Cultura?

¿Qué debe hacer la sociedad por la Cultura?

¿Qué deben hacer los creadores por la Cultura?

¿Qué deben hacer los gestores por la Cultura?

¿Qué deben hacer los políticos por la Cultura?

Una vez definido que hacemos cada uno, dar una vuelta de tuerca más y definir ¿qué podemos crear entre todos, que aporte mucho a todos?

Si para los chinos, según su maldición, la bendición debe consistir en vivir una época aburrida y sin sobresaltos, el interés de los tiempos debe ser directamente proporcional a los problemas planteados.

A partir de aquí, deberíamos ponernos manos a la obra. Aprovechar estos tiempos interesantes para conseguir que, la Cultura, renazca de nuevo como algo por lo que valga la pena rompernos la cara.

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Acerca de maferragut

Soy funcionaria de la administración local, gestora cultural, licenciada en publicidad y relaciones públicas y diplomada en trabajo social. Esos son mis intereses profesionales. Siempre en continuo aprendizaje. Me gusta el arte, la literatura, la música y estoy enganchada a las redes sociales.
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5 respuestas a El malestar de la cultura

  1. missnokia dijo:

    Interesante reflexión. Me hubiera gustado estar en ese gintònic party y compartir las visiones y las miradas diferentes. Muchas preguntas quedan en el aire. Un gusto intentar responderlas algún dia!!!

  2. Hola María An.

    Me encantará sumarme a la próxima reunión, En Mallorca todavía está todo por hacer !!!

    Sólo con la cultura no saldremos de esta emboscada en la que está metida Europa, pero sin ella seguro que tampoco !!!!

    Saludos de Bs Aires

    Roberto Menéndez

  3. Pingback: ¿Qué le está faltando a la Cultura municipal? | desde mi ventana

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