Deconstruir la Cultura

Deconstruir consiste en deshacer analíticamente los elementos que constituyen una estructura conceptual, pero no con la intención de destruir, si no con el objetivo de comprobar cómo está hecho o con la intención de crear nuevas versiones.

Eso es lo que creo que se debería hacer con la cultura, analizar lo que hemos hecho hasta ahora, aprender de los errores, si es posible, estudiar el presente y adaptar nuestro trabajo a las necesidades del momento.

Parece que todo lo que nos enseñaron en la universidad sobre gestión cultural y todo lo que hemos practicado en los años de trabajo no nos sirve en estos momentos o, como poco, algunas maneras de hacer las cosas deben revisarse. Se escuchan duras críticas, muchas cargadas de razón, hacia los gestores culturales y las políticas culturales llevadas a cabo en los últimos años.

Seguramente, como en todos los campos, se han hecho cosas bien y cosas mal.    Frente a indudables descalabros culturales también podemos rescatar ejemplos de sensatez y calidad. Así es la vida y así será siempre porque la perfección, desgraciadamente, no existe; aunque no hay que dejar de perseguirla.

Lo cierto es que la crisis de la cultura es una de esas crisis que se ha destapado junto con la económica y, aunque esta pueda servir de excusa, nos engañaríamos si no reconociéramos que la manera de gestionar la cultura hacía aguas hace tiempo. Los que estábamos ahí somos responsables, en todo o en parte, de lo que ha pasado. Unos por hacer y otros por no hacer o por dejar hacer.

Pero no sólo estábamos los gestores, convertidos en mercaderes de la cultura. Estaban los creadores que se esforzaban en crear pero no se preocupaban en explicar el sentido de su creación. Estaba el público que asistía o no pero sin implicarse, sin criticar o alabar las creaciones, sin pedir o exigir lo que querían. Estaba el político que imponía sus criterios en bases a su rentabilidad política y a sus gustos personales. Estaban los arquitectos, creando macro espacios sin pensar ni el contenido, ni en el público, ni en el creador, ni en el gestor. Estaban las industrias culturales, incapaces de vivir sin subvenciones, criticando a la administración de frente pero poniendo la mano por detrás. Estaban los mecenas y patrocinadores, pensando mucho en sus beneficios fiscales y poco en lo que aportaban a la sociedad. Estaban las empresas culturales, inflando precios y muchas veces vendiendo motos. Estábamos todos, muchos y mal avenidos y por si fuéramos pocos, llegó la crisis.

En ese contexto el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Yo no me atrevo. Pero si insto a dejar de compadecernos y lamentarnos y a que actuemos. En nuestras manos está cambiar lo que no nos gusta o, en este caso, en nuestras manos esta continuar haciendo lo que nos gusta y en lo que creemos. Pero juntos, pensando en global, en la satisfacción de todos, en el beneficio de la comunidad. Buscando el bien común, como deberían hacerse siempre todas las cosas.

Resulta incómodo, al menos para mí, seguir los mismos patrones una y otra vez. Manteniendo el mismo modelo y las mismas actividades y proyectos  mientras vemos que los recortes se aplican año tras año y hacemos malabarismos para mantener lo mismo con menos dinero.  Duele ver que se pone en entredicho la necesidad de invertir en cultura. La cultura no es un lujo y ahora que parece que muchas cosas nos separan: el trabajo, la lengua, la ideología, las fronteras, el fútbol; la cultura puede mantenernos unidos, buscando los puntos que nos atraen. Invirtiendo lo justo en lo que es justo. Pensando en buenos proyectos y no en grandes espectáculos.

Olvidemos la gestión convencional y demos una vuelta de tuerca a la manera de hacer las cosas. Actuemos colaborando todos los implicados, gestores, creadores, industrias, empresas, público. Funcionemos buscando la mayor participación posible. Investigando modelos sostenibles enfocados  al servicio de los intereses de los ciudadanos, que después de todo somos todos.

Busquemos alianzas público-privadas facilitadoras de procesos creativos rentables. Pensemos en las personas y dejemos de lado protagonismos innecesarios.

Sólo si somos capaces de actuar conjuntamente, rebajando nuestras expectativas personales,  lograremos sacar adelante la Cultura con mayúsculas y los proyectos que la hacen crecer y que ayudan a conseguir una sociedad más justa, crítica, responsable y coherente.

Deconstruyamos la cultura, recuperemos el aliento que tienen los locos que se adentran en lo inexplorado con la excitación de la creación, y no con el pensamiento del puro negocio.

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Acerca de maferragut

Soy funcionaria de la administración local, gestora cultural, licenciada en publicidad y relaciones públicas y diplomada en trabajo social. Esos son mis intereses profesionales. Siempre en continuo aprendizaje. Me gusta el arte, la literatura, la música y estoy enganchada a las redes sociales.
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3 respuestas a Deconstruir la Cultura

  1. tapatio dijo:

    Muy interesante y buen mensaje felicidades

  2. Pingback: ¿Qué le está faltando a la Cultura municipal? | desde mi ventana

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