La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. No lo digo yo, lo dice Einstein

Hablar de crisis es promoverla,  y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla. Albert Einstein

Refiriéndonos a la Administración Pública ¿Por qué si todo apunta a que esta se enfrenta a una crisis, que afecta principalmente a su imagen, nadie parece hacer nada?

 La gestión de conflictos potenciales permite a las organizaciones identificar los problemas en fase emergente y ocuparse de resolverlos antes de que estallen.

La necesidad de la mejora de la Administración Pública es un reto pendiente. Hasta el momento lo único que estamos haciendo, los gobiernos y los trabajadores, es esconder la cabeza como los avestruces en lugar de afrontar la búsqueda de soluciones. Estamos evitando un problema que, más pronto que tarde, tendremos que abordar.

Las crisis sufridas por muchas empresas demuestran  que la imagen corporativa es uno de los activos más importantes en el valor de las compañías. El valor de las organizaciones se busca cada vez menos en sus bienes físicos y más en sus activos intangibles (conocimiento y experiencia de sus empleados, clientes, imagen, etc.)

En las empresas privadas perder ese valor intangible ha supuesto un peligro importante, sobre todo en los casos de empresas de servicios cuya principal actividad tiene como cimiento la confianza del público.

Para paliar los efectos negativos que se producen con estas crisis, los responsables de Comunicación y Relaciones Públicas ponen en marcha unos protocolos dónde la información es clave. La comunicación durante la crisis es primordial y tiene entre sus principales objetivos la defensa de los valores de la organización entre los que se encuentra salvaguardar la imagen y defender los servicios que presta.

La Administración Pública se enfrenta a una crisis externa que está teniendo un alcance importante en la opinión pública. Puede que todavía no tenga un impacto directo en la organización, pero esta claro que su imagen está muy deteriorada y  sufre el descrédito por parte de los medios de comunicación, los líderes de opinión, los proveedores y en muchos casos, se está perdiendo la confianza del ciudadano.

La Administración Pública también padece a una crisis interna, que tal vez se note menos en el exterior, que los funcionarios vivimos y sufrimos día a día. Nos afecta esa actitud que el resto de sociedad tiene hacia nosotros. Nos duele que no nos valoren como profesionales cuando, la mayoría de nosotros, tenemos verdadera vocación de servicio al ciudadano. Nos incomoda la actitud de fuga ante el trabajo que adoptan algunos de nuestros “compañeros” y la repercusión negativa que  eso tiene en la imagen general del funcionariado. Nos angustia la incertidumbre de saber que esto tiene que cambiar pero no ver qué o quién va a propiciar el cambio o qué podemos hacer nosotros para provocarlo.  Y, sobre todo, nos desmotiva que todas las soluciones a la crisis pasen única y exclusivamente por el recorte de prestaciones o de personal.

 El marco normativo es claro en cuanto a los principios que rigen el funcionamiento de la Administración Pública, sin embargo, todos sabemos que incumplimos algunos de los enunciados.

 Un adecuado sistema público favorece una sociedad con mayores posibilidades de superar sus problemas. Entonces, ¿hacia qué camino marcha nuestro sector público? ¿Hacia el bienestar de la mayoría o al beneficio de minoría política?

Los organismos públicos están a disposición del ciudadano y no a disposición del gobierno de turno. Por ende, los gobernantes también están al servicio de los electores y no de sus partidos.

 Sin embargo, la realidad actual ha colocado a los funcionarios en una situación comprometida que se está convirtiendo en un conflicto de intereses. La excesiva intromisión de los poderes políticos, que trabajan en favor de su partido, provoca que el trabajador público no distinga, muchas veces, al servicio de quién esta, del gobierno o de la ciudadanía.

La administración pública parece que vive eternamente en crisis, sin que llegue a saltar la alarma definitiva que nos haga reaccionar de manera urgente y nos obligue a resolver el problema.

 Si creemos verdaderamente que un servicio público eficiente puede incidir en la mejora del funcionamiento de nuestra comunidad, tenemos el derecho y el deber de pedir una mejora de ese servicio y exigir que se pongan en marcha los dispositivos necesarios para buscar soluciones al problema generado.

 Como ocurre en muchas compañías y organizaciones, las administraciones públicas tendrían que contar con un modelo estratégico de gestión de crisis. Debería iniciarse el protocolo para preparar el proceso de transformación del ámbito público  antes de que el ciudadano pierda completamente la confianza en la administración y en sus empleados. Después de todo, las crisis forman parte del sistema, cuando llegan se aceptan, se superan y, si no acaban con la organización, se aprende de ellas.

 Por último, es necesario asumir la necesidad por parte de la sociedad de participar de una manera constructiva en la mejora de la administración. Ya que, aún teniendo claro que internamente hay que examinar la estructura y procesos, es imprescindible que los administrados influyan para acelerar esa transformación.

Sólo en la responsabilidad mutua conseguiremos una Administración Pública orientada a los ciudadanos y, por ende, estaremos más cerca de la comunidad que deseamos. Esperemos que, como dijo Einstein, la crisis aflore lo mejor de cada uno y nos marque el camino más correcto.

 

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Acerca de maferragut

Soy funcionaria de la administración local, gestora cultural, licenciada en publicidad y relaciones públicas y diplomada en trabajo social. Esos son mis intereses profesionales. Siempre en continuo aprendizaje. Me gusta el arte, la literatura, la música y estoy enganchada a las redes sociales.
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5 respuestas a La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. No lo digo yo, lo dice Einstein

  1. Juanjo Caba dijo:

    El papel que ejercen los servicios públicos en épocas de crisis debe compensar las desigualdades que la propia crisis genera. Pero ¿no crees que quienes han provocado la crisis son los mismos que se benefician de ella y quienes están más interesados en desmantelar la administración?
    Existe una crisis de valores mucho más preocupante que la económica, puesto que afecta al corazón del modelo de sociedad que ha costado mucho tiempo construir.

    • maferragut dijo:

      En el post intento hablar de la crisis organizacional que sufre la administración y que empezó a iniciarse mucho antes de la crisis económica, que no ha hecho más que empeorar la situación. Hablo de crisis modelo.Y sobre todo hablo de la necesidad de gestionar esa crisis que en comunicación consiste en ser capaz de reconocer y actuar ante las señales que anticipan una situación perjudicial para la organización.

      Señales de que la administración es ineficaz, obsoleta y en ocasiones insostenible tal como se conoce hoy en día, hace tiempo que las percibimos todos, sin embargo aún es hora que empecemos a poner las bases para ponerle remedio y empecemos adaptarla y renovarla.

      En cuanto a lo que dices de que quienes han provocado la crisis son los mismos que se benefician de ella y quienes están más interesados en desmantelar la administración,seguramente sea cierto.

      un saludo y gracias por comentar Juanjo

  2. Pingback: La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. No lo digo yo, lo dice Einstein – de @mferragut | Funcionarios Emprendedores (Funkzionatas)

  3. @mamiesp dijo:

    Te agradezco la entrada. Después de los últimos vapuleos tus líneas ayudan a centrar el trabajo que hay que hacer en la administración y que está muy lejos de lo que se está haciendo hasta ahora.
    El problema de lo público es que tenemos el enemigo en casa. Esos directivos que deberían detectar como un grave problema la pérdida de confianza en los servicios que prestamos, los servicios públicos, y que en una empresa emplearían todos los medios en evitar para no poner en peligro la supervivencia de la organización, en nuestro caso son políticos y no empresarios. Hoy, “la política” percibe como un problema lo público, como un generador de déficit y necesita de una opinión pública que apoye esos recortes. Así que esa gestión de crisis de imagen no vendrá de nuestros más altos responsables.
    Una vez asumido esto, nos queda la responsabilidad a cada uno de ver cual es nuestro papel en este nuevo escenario.

    • maferragut dijo:

      Gracias por comentar. Estoy contigo en que tenemos mucho que hacer también los funcionarios a la hora de posibilitar el cambio de escenario. Exigiendo a nuestros superiores e iguales una mayor eficacia, eficiencia e implicación y asumiendo nuestra parte de responsabilidad. Un saludo

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