Objetivo: latir con la cabeza, pensar con el corazón, cortar y coser con el alma

 

 

Basta ya de recortar, empecemos a coger aguja e hilo y cosamos un nuevo sistema inspirado en objetivos, claros, realistas y consensuados.

 

 

Todo el mal de este mundo se lo debemos al respeto, a menudo inconsiderado, por las antiguas leyes, las antiguas costumbres y la antigua religión. Georg Christoph Lichtenberg (1741-1799)

La actual administración está basada en normativas ordenanzas y reglas. Las reglas sirven si la función es simple, pautada y repetitiva pero en la administración cada vez hay menos conductas de ese tipo y cada vez nos encontramos con demandas que no son de manual. Para sacar provecho de lo inesperado, las organizaciones deben contar con reglas y presupuestos flexibles para poder responder a la sociedad actual y a sus necesidades.

Sabemos, aunque no lo practiquemos mucho, que las ventajas de una administración inspirada en objetivos son muchas. Una administración basada en objetivos en lugar de en reglas hace que el trabajador se libere  y busque alcanzar las metas de la manera más eficaz, produciendo mejores resultados. Haciendo propuestas  más innovadoras.

Las organizaciones inspiradas en objetivos tienen la moral más alta, son más felices y hoy en día lo que queremos todos es ser felices, poco importa el resto. Pero ¿cómo se consiguen gobiernos inspirados en objetivos?

Lo primero debería ser olvidarse de las reglas, regulaciones y actividades inútiles y obsoletas.

El gobierno necesita reglas, sin duda todos las necesitamos para mantener un cierto orden. Pero las justas y necesarias. Deberíamos saltarnos todas las reglas que se interpusieran en el camino de la eficacia, la eficiencia, la innovación  y el sentido común.

Aplicar el sentido  común a muchas situaciones debería ser la norma madre. Todas las normativas, ordenanzas y reglas deberían evaluarse y revisarse periódicamente, valorar sus rendimientos y si no funcionan, son inútiles o crean más problemas que ventajas deberían anularse. Prescindir de las regulaciones desfasadas es un paso importante para gobernar en base a unos objetivos.

La segunda parte sería prescindir también de programas y proyectos obsoletos. No hay nada más ridículo que perder el tiempo y el dinero en hacer de un modo más eficaz algo que debería dejar de hacerse. Esto, que resulta tan obvio en una empresa privada, en la administración resulta dificilísimo.  A los responsables de la gestión nos supone un trauma tirar por la borda productos inservibles.  Creamos más servicios y regulaciones hasta que, como pasa ahora, una crisis obliga al recorte que suele hacerse con la delicadeza de un golpe de hacha de leñador.

Volvemos a lo mismo, si se  midieran los rendimientos y todas las actividades se revisaran periódicamente y requirieran un voto de confianza para continuar pasaríamos del hacha al bisturí. Pasaríamos del corte sin sentido a la poda que en jardinería se entiende como el proceso hecho con cuidado y corrección que incrementa el rendimiento del fruto.

Siguiendo la  misma línea  los sistemas presupuestarios también podrían inspirarse en objetivos.

Es cierto que  el fin de segmentar tanto los dineros era controlar y mantener a raya el gasto y evitar que se gastara más de lo aprobado; pero como estamos viendo el resultado no ha sido ese. Lo que fue un intento de impedir la mala administración ha terminado por hacer imposible la buena administración.

Estos días se ha roto la lavadora en casa, no contábamos con comprar una lavadora este mes, pero hemos tenido que priorizar los gastos  y reorganizar el presupuesto.

Hacer cambios como este en el presupuesto de  la administración es complicado. Es difícil pasar dinero de una partida a otra y de un capitulo a otro.  Si se te presenta un proyecto nuevo e interesantísimo o tienes un imprevisto y no está contemplado en el presupuesto resulta difícil ponerlo en marcha o reorganizar la situación si no es haciendo encaje de bolillos.

Cuantas veces no habremos dejado de  lado oportunidades amparándonos en la frase: “El presupuesto está cerrado”,  “No lo incluimos en el presupuesto en su momento y ahora ya no podemos…”, etc.  Por el contrario, cuantas veces a final de año sobra dinero de una partida  y hemos dicho: “vamos a gastarlo antes de final de año para que no nos lo quiten”.

Los administradores públicos “listos” gastamos hasta el último céntimo de cada partida presupuestaria, lo necesitemos o no.Está claro pues que nuestros sistemas de presupuestos alientan en realidad a todo administrador público a derrochar el dinero.

Un presupuesto inspirado en objetivos libera recursos para probar nuevas ideas, da a los responsables de gestión la autonomía para responder a circunstancias cambiantes, crea un medio predecible, simplifica la elaboración, provoca que caigan proyectos innecesarios que no aportan nada, fomentan la eficacia y la eficiencia y sobre todo dan al trabajador un incentivo para ahorrar dinero. Esto ya lo decían Osborne y Gaebler en su libro “La reinvención del Gobierno” allá por el año 1994.

Por otro lado la nueva moda de recortar  que para mí no es sinónimo de ahorrar, aunque evidentemente recortando se puede ahorrar mucho, no es la panacea, no nos engañemos. Esa manera de rebajar el gasto linealmente caiga lo que caiga no me parece ni justa ni inteligente.

Las políticas de corrección o contención del déficit público son necesarias y positivas pero deben  estar relacionadas con una mejor distribución de los recursos públicos para favorecer una gestión ordenada de la política económica.

Pero no recortando a todos por igual y tratando el gasto social, por poner un ejemplo,  como un derroche cualquiera. No creo que todos los recortes tengan un efecto positivo para  la Economía. Por eso pienso que utilizar la fórmula del presupuesto por objetivos  sería de gran ayuda a la hora de gestionar mejor los recursos económicos. Y que esa gestión de los recursos se haga con “seny” como decimos en mi tierra, que viene a ser el sentido común del que estamos tan necesitados.

Si además políticos y gestores fuéramos capaces de conseguir la complicidad del ciudadano y de los agentes sociales  a la hora de ejecutar el ahorro, que no recorte, realizando consultas previas o planteando en algunos casos los presupuestos participativos (que difícil encontrar la fórmula perfecta), llegando a pactos estables, la actuación  ya sería para nota.

En estos momentos reivindico esa frase histórica que tan irónicamente se ha aplicado hasta ahora para que recobre su verdadero sentido: “Somos el gobierno y estamos aquí para ayudarles” aunque también me viene a la cabeza la estrofa de una canción de L.E Aute: ¿pero cómo dar el salto de lo dicho al hecho?

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Acerca de maferragut

Soy funcionaria de la administración local, gestora cultural, licenciada en publicidad y relaciones públicas y diplomada en trabajo social. Esos son mis intereses profesionales. Siempre en continuo aprendizaje. Me gusta el arte, la literatura, la música y estoy enganchada a las redes sociales.
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7 respuestas a Objetivo: latir con la cabeza, pensar con el corazón, cortar y coser con el alma

  1. mercebotella dijo:

    Te ha llegado este mensaje desde Grecia? me parece un mensaje fiable y creible y me parece muy raro que sólo tenga 650 visualizaciones. Miralo y, si lo crees, dale difusión desde tu ventana, por favor. http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=huPYdJkU2Ow

  2. Jaime T. dijo:

    Interesante entrada relacionada con algunas ideas que estamos desarrollando (con mi colega Miquel Rodríguez) para ayudar a las administraciones públicas (a sus responsables especialmente) a afrontar la situación de crisis y desarrollar las actuaciones de ajuste/priorización con criterio.
    1.- Defendemos que lo primero sería conocer exactamente las cosas que hace tu administración (parece evidente pero no lo es tanto): servicios, prestaciones, etc. Especialmente servicios ordinarios o básicos (y eso se tiene que hacer sobre todo con los funcionarios).
    2.- Luego entendemos que lo suyo es hacer un esquema que permita analizar de forma metódica y comparable cada uno de estos servicios o prestaciones: en cuanto a impacto social, si es competencia propia o no, si hay posibilidad ejecución externa, presupuesto…
    3.- Por último analizar y valorar cada uno de estos servicios o prestaciones a la vista de la información anterior. A desarrollar por equipo gobierno especialmente, teniendo en cuenta los compromisos (programa electoral) y la realidad de cada administración.

    Quizás sea una manera ordenada de aproximarse a una adecuada (?) priorización de los servicios, y además quizás permitiría disponer de argumentos sólidos para explicar las actuaciones que se desarrollarán por los gobiernos a los ciudadanos: en ocasiones “de tijera” y en otras “de coser con hilo y aguja”.

    • maferragut dijo:

      Estoy de acuerdo, Jaime, en el planteamiento que realizáis tu y Miguel. Añadiría la importancia de comunicarlo bien. Estoy segura que debe haber administraciones que lo estan haciendo bien (me queda esa esperanza) pero, a veces, no lo comunican adecuadamente y ni funcionarios ni ciudadanos llegan a comprender el por qué de los ajustes.
      Un saludo

  3. Concha c. dijo:

    Me parece muy interesante lo que planteas. Estoy “desarrollando” una teoría sobre la administración como ente que se nutre a si mismo para su propia supervivencia como único objetivo. lo que se demuestra por la gran capacidad de decisión y poder que van tomando aquellos servicios de funcionamiento interno (recursos huma nos, contratacion, informatica…) que realmente son proveedores de los servicios de atención directa a la ciudadanía. Saludos

  4. mercebotella dijo:

    Concha, primero disculpa por la primera entrada, pretendía mandartela a tu correo pero no sé que sucedió que lo veo aquí en tu post.
    Dicho esto, decirte que tu post me parece realmente muy interesante y que, desde la posición de proveedora de servicios a la administración, también comparto la misma valoración que haces de los “males” que se desprenden de la actual rigidez de la gestión del presupuesto.
    Lo peor es que, desde que se desató la fiebre de los recortes, mi sensación es que la “mala” gestión y la orientación a las normas y reglas se ha endurecido hasta unos extremos inconcebibles. Se aplican normas donde no hace falta y perdemos el tiempo todos simulando cumplir normas que no se deben aplicar y augmentando el trabajo tanto por parte de quien hace la provisión del servicio com por parte de la propia administración.
    El mes pasado, para poder aprobar dos propuestas de dos acciones de formación (una de menos de 1000€ i otra de menos de 2.500€), la propia administración cliente me solicitó dos propuestas alternativas para cada una de ellas (6 propuestas técnicas y económicas de tres proveedores distintos!!!).
    Sólo quería aportar un ejemplo más para ilustrar que no sólo hay mucho camino a recorrer en el sentido que propones, sinó que se está andando en sentido contrario justo cuando debería pararse la maquinaria y empezar a priorizar, por el bien de tod@s, la eficiencia y la eficacia del trabajo y del gasto público.

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