Directiv@s públicos profesionales para innovar y modernizar la Administración Pública*

El verdadero descubrimiento no consiste en buscar nuevas tierras, sino en mirar con ojos nuevosMarcel Proust

Los funcionarios venimos constatando día a día el desprestigio de nuestra profesión por parte de los ciudadanos y  aunque a veces las críticas que recibimos son fundadas, la culpa no es únicamente del funcionario como tal, sino que el problema reside, muchas veces, en el modelo de gestión actual de la administración y en sus limitaciones.

Una parte muy concreta de esas limitaciones se refleja en la función directiva que vemos en nuestras administraciones.

Aunque pienso, tal como dice Cándido Pérez, socio responsable del sector público de KPMG, que “la opinión pública desconoce que la mayoría de los directivos del sector público cuentan con un alto nivel técnico y profesional y una dedicación que supera en algunos casos la que podrían desempeñar en el sector privado”.

También estoy de acuerdo con Walochik, presidenta consejera delegada de Norman Broadbent, cuando dice que cree que “en el sector público falta flexibilidad. La membrana que filtra quién puede entrar y salir en la administración es poco permeable, y se da cierta rigidez en los mecanismos de entrada (oposiciones), en las posibilidades de ir escalando posiciones o en la clasificación de puestos. Hay demasiados cuerpos, demasiada verticalidad, y sólo en las posiciones muy altas se da cierto movimiento”.

Por ello Francisco Longo, director del Instituto de Gobernanza y Dirección Pública de Esade, habla de un déficit de revolving door (puerta giratoria) entre los ámbitos, público y privado, en materia de directivos y nos confirma que desde el sector privado no se percibe la Administración como un mundo de oportunidades, innovación o crecimiento profesional que pueda atraer a ciertos perfiles”.

Creo que eso se debe, como dice Julio Gómez-Pomar director del Centro de Innovación del Sector Público de Pricewaterhousecoopers y de IE Business School, a la brecha creciente en retribución entre el sector privado y el público –obstáculo a la migración de profesionales– y a que “el prestigio de la actividad pública se ha ido deteriorando con el paso de los años”.

Me resulta interesante el caso que presenta Walochik de los secondments en Reino Unido: la asignación temporal de profesionales del sector privado al sector público. Las Big Four mandan socios temporalmente a una función pública para sacar adelante un proyecto y regresan más tarde a la compañía. Bajo este modelo –en España  tenemos asesores– muchos grandes profesionales encontrarían atractivo el paso a lo público”.

Lo que queda cada vez más patente es que la que  no hace tanto era una de las profesiones más deseadas – seamos sinceros no por el prestigio que representaba, sino más bien por la comodidad y seguridad que se le presuponía-, se está convirtiendo en uno de los oficios más denostados. En parte por esa visión cerrada y estanca que tienen de nosotros los que nos ven desde fuera.

Este modelo actual de  función directiva cerrada o burocrática que, como reconoce John M. Ackerman,  se mueven por unos intereses de “servicio vitalicio” deja poco margen de opción a los profesionales provenientes del sector privado y es un modelo que está provocando un aislamiento de la realidad.

Esa garantía de permanencia pone barreras a la medición de la consecución de objetivos por parte del directivo público y por tanto a una administración, eficiente y eficaz que redunde en unos resultados que supongan una mejora en la prestación de los servicios a los ciudadanos y en la solución de sus problemas y en la satisfacción de sus necesidades.

Nada ayuda a limpiar nuestro honor profesional que, tal como afirma Gómez-Pomar, en la administración “La confianza política prevalezca sobre la cualificación y las competencias gerenciales”. Este otro modelo, llamado de dirección política, lleva a que la administración en lugar de estar al servicio del ciudadano y de los intereses generales, que es lo que debe ser, pase a estar al servicio del Gobierno y sus intereses de partido. Dándose muchas veces la paradoja que personas inexpertas (sin capacitación, profesionalidad o mérito ni criterio) y un importante desconocimiento del entorno público  pasen a  dirigir  a personas expertas y profesionales, con la consecuente desmotivación y frustración por parte del funcionariado.

El estudio editado por el IVAP (Instituto Vasco de Administración Pública) sobre la “La dirección pública profesional en España“ de Rafael Jiménez Asensio, Manuel ViIlloria y Alberto Palomar Olmeda es una ventana abierta a la función directiva entre la política y la administración. Da alas a una opción de modelo profesional de dirección pública que se pretende construir como revulsivo a las limitaciones de los modelos anteriores para mejorar los resultados de la gestión en beneficio de los ciudadanos. Tal como contemplaba Francisco Longo la dirección pública profesional debe pivotar en un triple contexto: estratégico, político y operativo.

Por ello estoy de acuerdo en la propuesta de Jiménez de que la dirección pública se base en los mismos parámetros que la empresa privada y plantear así que un funcionario público en un momento de su carrera deje de prestar las funciones propias de su escala o puesto de trabajo y se centre en desarrollar funciones directivas de lo público. Me resulta muy atractivo sobre todo si, como afirma, el esquema no es inviable ya que funciona en otros países.

De ese mismo estudio me interesa también la aportación de Villoria que aboga por un modelo gerencial para la administración propio de países anglosajones, con cierta influencia del sector privado. Desarrollado sobre ideas de eficiencia y eficacia del sector público, directivos públicos profesionales de la dirección, procedimiento público de selección acreditado con competencias específicas, sistema de incentivos, cese vinculado al rendimiento.

Como comenta Palomar, al hablar del marco legal, lo que me importa es saber qué empleados públicos y cómo podrán acceder a esta función directiva.

Todo esto se contempla en el artículo 13 de la Ley //2007, de 12 de abril, del Estatuto Básico del Empleado Público ( EBEP) de personal directivo y profesional,  aunque hasta el momento parece que ninguna administración pública ha hecho uso de esta posibilidad prevista.

Tal como dicen los autores en la presentación “Una Organización que no invierte tiempo y dinero en reflexionar sobre sus dirigentes y que no lucha por establecer un sistema de dirección profesional es una organización llamada a tener dificultades en sus capacidades de dirección de políticas públicas y de realización de sus cometidos. Y quien lo paga en última instancia es el ciudadano, y esta es una conclusión que no conviene olvidar”.

*Siguiendo el consejo de Juanjo Caba transformo en artículo una respuesta en la que comentaba algunos enlaces referidos al sector público que Jaime Tovar aportaba  a un comentario a mi último post y que aparecen en su blog. De ellos extraje algunas opiniones de  responsables relacionados con la  función directiva de las Administraciones Públicas que me resultaron muy interesantes y que me he permitido utilizar.

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Acerca de maferragut

Soy funcionaria de la administración local, gestora cultural, licenciada en publicidad y relaciones públicas y diplomada en trabajo social. Esos son mis intereses profesionales. Siempre en continuo aprendizaje. Me gusta el arte, la literatura, la música y estoy enganchada a las redes sociales.
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13 respuestas a Directiv@s públicos profesionales para innovar y modernizar la Administración Pública*

  1. Juanjo Caba dijo:

    Estoy de acuerdo. Me gusta. Lo suscribo.
    ¿Y si nos pudieramos plantear una Administración con menos jerarquías, con organigramas más horizontales y que los directivos fueran sustituidos por instigadores, estimuladores de la innovación y la autogestión?
    Deberías escribir con más frecuencia. Sería una buena forma de retroalimentarnos.
    Un saludo.

    • maferragut dijo:

      Gracias Juanjo! Es complicado escribir con más frecuencia, ni tengo mucho tiempo, ni me resulta fácil. Pero ahí estamos intentando aportar alguna cosa de interés. Por cierto, ¿Autogestión? Me interesa. Cuéntanos algo más.
      Saludos

  2. Son merecidas las críticas, el ciudadano espera algo más de nosotros. El ciudadano no entiende que los funcionarios sean como “medusas” que se mueven al ritmo de los envites políticos. Los ciudadanos quieren que los funcionarios reaccionen.

    Además en el modelo de gestión de nuestras administraciones el talento funcionarial está repartido. Una organización privada integra sus equipos, une a los mejores y los hace trabajar con un mismo objetivo. En la Administración es corriente separar el conocimiento y disgregar los equipos. Si, hemos mejorado en que hoy hay más funcionarios estrella con alto nivel técnico y profesional pero dispersos, separados de sus iguales,dedicados a sus competencias, sin interaccionar, sin responsabilidad organizativa. Con ello, la administración pierde capacidad, pierde a sus equipos, ganan sus directivos/políticos que son los únicos con “competencia” para pensar por todos. Y la rueda sigue.

    Me gusta tu post, me gusta tu blog.

    • maferragut dijo:

      Gracias Pepe. Es verdad que los ciudadanos esperan algo más de nosotros por eso debemos luchar por darles lo que piden. Esta en nuestras manos, en nuestra actitud, cambiar la opinión hacia nosotros. También está en nuestras manos convencer a esos funcionarios que no aceptan el cambio y no reaccionan para que se pongan las pilas. Por eso creo en el trabajo por objetivos.
      O estiramos TODOS de la cuerda hacia una misma dirección y hacemos mover a la administración o seguimos estirando cada uno hacia su lado y nos quedamos anclados.

      Saludos y gracias por los comentarios.

  3. Egonzalez dijo:

    Como ejercicio teórico me parece bien, pero la realidad de las AAPP españolas que conozco no ha cambiado en 20 años, siguen poseidas por el síndrome del sello azul, leyes que caen en el olvido como la 11/2007, políticos a los que nada le importa la administración y funcionarios a los que la palabra innovación les suena a amenaza.

    • maferragut dijo:

      Cierto, la administración está anclada en el pasado pero prefiero no generalizar y creer en políticos y funcionarios que buscan el cambio y creen en su posibilidad y unirme a ellos. Alguno habrá ¿no? Gracias por comentar. Saludos

  4. Jaime Tovar dijo:

    Interesantes reflexiones.
    Parece como si nuestra administración estuviera sometida a una importante fuerza de los responsables políticos (y los partidos sobre todo) que quieren copar los puestos directivos con gente de su confianza, y otra importante fuerza de los funcionarios y técnicos que tratamos de mantener el status quo. Es una generalización algo demagógica, pero algo hay de eso, o al menos eso creo, aunque afortunidamente no todo es así, como decís en alguna entrada anterior. Igual esto es como lo de los vectores de la física (cuando lo estudiábamos): fuerzas contrarias y con intensidad similar se compensan, quizás por eso no avanzamos tanto.

  5. MABordoy dijo:

    Pese a mi ignorancia sobre la Dirección Pública Profesional, como funcionario y observador del funcionamiento de las administraciones públicas españolas, me atrevo a opinar que debería diseñarse un modelo de dirección para los tres niveles de administración pública que hay en nuestro país: local, autonómica y central. Pues, poco tiene en común el día a día de cualquiera de las administraciones autonómicas con el de la mayoría de los ayuntamiento que se diseminan por toda la geografía española. Por ello, los funcionarios que vivimos la administración desde dentro, somos un tanto escépticos en teorizar demasiado sobre un modelo de Dirección Pública Profesional sometido a un régimen jurídico específico, tal y como prevé el Estatuto Básico del Empleado Público, y designado atendiendo a los principios de mérito y capacidad y a criterios de idoneidad. Desgraciadamente los políticos prefieren encomendadar la dirección pública a personal de confianza, ya que valoran muchísimo más tal circunstancia que cualquier valoración del mérito y la capacidad. Lo cierto es que el tema da para mucho, pero quiero ser optimista al respecto y pensar que algún día encontraremos un modelo de DPP más equilibrado, intermedio entre los modelos de la empresa privada y los modelos que se imponen en las administraciones públicas actuales.

  6. MABordoy dijo:

    Algunas precisiones sobre mi comentario. Quería decir que opino que debería diseñarse un modelo para cada uno de los tres niveles de administración pública. Y que la Ley del EBEP dispone que el personal directivo profesional deberá designarse atendiendo a los principios de mérito y capacidad y a criterios de idoneidad (me ha parecido que no exponía con suficiente claridad).

    • maferragut dijo:

      Gracias por comentar Miguel Ángel. De acuerdo en que hay que diseñar un modelo, no se si para los tres niveles o bastaría uno adaptándolo a las necesidades de cada administración.
      Las ideas fuerza que comenta J. Antonio podrían ser un buen comienzo. ¿Sabes si los sindicatos tienen alguna opinión consensuada al respecto?
      un abrazo

  7. Que gran post Mª Antonia!!
    Algunas iniciativas hay, en la línea de hacer propuestas para que la figura del directivo público, contemplada en el EBEP, se desarrolle bajo unos parámetros tales como los que se reclaman en tu post. Alguna de ellas, muy cerquita de tí, y que quizá conozcas. Te pongo el enlace a las “Ideas fuerza”: http://bit.ly/njFQEM
    Añado a mis favoritos, tu gran blog. felicidades!!
    @josanlatorre

    • maferragut dijo:

      Gracias José A, gracias por tus comentarios. Ciertamente si hay propuestas y lo que he leído en las ideas fuerza que comentas me parece bien encaminado. Creo que ahora falta que” alguien” las ponga en práctica. Entrecomillo el alguien ya que lo fácil es lo que hacemos nosotros: teorizar sobre el modelo. Lo difícil es coger el toro por los cuernos y poner en practica la teoría. Y espero que a quién corresponda lo tenga en su agenda de prioridades. ;-D
      Saludos

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